Wednesday 30 may 2012 3 30 /05 /May /2012 15:49

¿Qué sentís cuando me ves?.

La experiencia cinematográfica del espectador 

Por Anxie Brennan

amelie.jpg  Siempre resulta bueno y extremadamente útil compartir vivencias y opiniones con los otros en un espacio propicio. ¿Y qué mejor especio que un curso de análisis de films que brinde cada semana los elementos y herramientas más enriquecedoras?

El jueves pasado, la biblioteca de usados abrió sus puertas para mostrar tres alternativas diferentes de ver el cine a través de cortometrajes, cada uno con una estética particular, claro. Estos cortos relatan cómo es la experiencia cinematográfica del espectador, estableciendo una suerte de complicidad con todo aquel que los mira, además de mostrar lo que cada uno ya sabe pero esconde en su más profundo inconciente. Al verlos, este sentimiento sale a la luz y entra en juego un debate más vivencial que otra cosa.

El más representativo es el primer corto, de Takeshi Kitano, que se remonta a lo más minimalista de los escenarios y de los actores (sólo dos son suficientes para contar esta historia). Se recalca, mediante simbolismos y metáforas, lo mejor de ir al cine, ese ritual o ceremonia para la que todo el mundo se prepara, a pesar de que una cinta (en este caso, un antiguo rollo de celuloide) se corte o queme, como en las viejas épocas. Lo que realmente importa aquí es aquel sentimiento que despierta en un hombre (tomado en contrapicado por delante de la luz del proyector; plano homenaje a “Cinema Paradiso” de Giuseppe Tornatore) la idea de ir al cine, un cine alejado de la ciudad, derruido, abandonado, decadente en donde el protagonista pasa la mayor parte de su día, sin importar que no haya podido ver entera la película que quería. Sólo estuvo allí, presente y testigo de lo que pasara frente a sus ojos, en aquella pantalla vieja, sea lo que fuera que esté viendo. En este caso, un guiño del director hacia mismo, quien se animó a incluir una de sus películas dentro de otra, dentro de este cortometraje simple, pero rico.

“Acerca del cine”, el segundo corto del que lamentablemente no recuerdo su director, opta por la mirada de un nene de 5 o 6 años como elemento vital. Todo lo que ve representa esa “fiesta” y ovación hacia la colocación de una pantalla de tela en medio de una plaza pública y las sombras de las personas dibujadas en ella. Esto cautiva y atrae más al chico que la propia película proyectada después, momento en que el nene se queda profundamente dormido sobre su silla (por no decir “butaca”). El cine en la calle, el cine como festividad y la proyección de una película que es responsabilidad de los “hombres detrás de la tela” que resultan ser mucho más importantes que la cinta misma.

El tercer y último corto apunta a la mirada opuesta: el desinterés de algunos espectadores, no por ir al cine, sino aquel que aparece antes, durante y luego de una película. Eso explica porqué se muestra a dos personas enviándose mensajes entre sí a través de sus celulares, en plena función de la “Juana de Arco” de 1928, de Carl Theodor Dreyer como símbolo de la muerte de esa magia de ir al cine, de la previa de las proyecciones y de las sensaciones múltiples que causa ver una película. De nuevo aquí una película dentro de otra y una puesta en serie impecable, aunque inusual.

Por gisela manusovich - Publicado en: TRABAJOS DE ALUMNOS
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Wednesday 23 may 2012 3 23 /05 /May /2012 20:56

La mona, aunque se vista de seda, mona queda…

Por Laura Oroña

Esta película habla de la esencia de las personas, y de cómo esta se mantiene inalterable a través del tiempo y de las mutaciones que puedan ocurrir en nuestro interior como en nuestro exterior.

la-piel-que-habito-2011-banderas-anaya.jpg Vicente es un hombre que, por circunstancias ajenas a su voluntad, termina atrapado, encerrado en el cuerpo de una mujer.

En los créditos vemos las letras rojas, resaltadas con un borde color piel. El rojo es más grueso y más abundante que el bordeado, esto es porque prevalece la sangre, la identidad de la persona, no así su piel, que es, en definitiva, su aspecto externo, el envase. El mismo título lo dice, habla de alguien que habita esa piel, está ahí de manera temporaria y circunstancial, pero no es su piel, no le pertenece, no la eligió.

La escena que sigue nos muestra ya a Vicente/Vera encerrado, bajo tres tipos de enrejados diferentes. Esta sensación de encierro es constante en la película, siendo una de las más representativas aquella en que se enfoca a Vicente detrás de una serie de dilatadores que le provee Robert para que pueda expandir su vagina.

También vemos a Vicente en uno de los afiches que promociona la película, encerrado en una máscara que nos provoca una sensación de claustrofobia. Quizá la misma que sufre Vicente al estar encerrado en una piel que no es la propia, y de la cual solo puede escapar abstrayéndose, mirando hacia dentro de si mismo y ejerciendo control mental.

Cuando Vicente es raptado por Robert, es reducido a la condición de un animal, tirado en un sótano, sucio y comiendo con la mano de manera desesperada. De allí, renace en la piel de Vera.

Al principio, no acepta su nueva piel y su nueva apariencia, y es por eso que opone una feroz resistencia. Y esta resistencia se ve, a mi entender, cuando está vestido con un body negro, que da una sensación de contraste, de negación. Ahí trata de matarse, lo cual tampoco logra porque es salvado por Robert.

Progresivamente, el body va mutando a uno de color natural, y esto es que Vicente va aprendiendo el control mental y el espacio interior desde la práctica del yoga y logra entender que lo importante no es la apariencia, sino la esencia.  Que está encerrado en esa piel y que lo único que puede hacer es amigarse con ella, habitarla.

Ese ve totalmente representado en los grafitis de la pared, donde escribe “respiro” y dibuja una mujer con cabeza de casa: el cuerpo es el de una mujer, pero su cabeza está segura, resguardada en un hogar, en el espacio que él mismo construyó para si. Para no permitir que lo exterior contamine lo interior.

Y es por eso también, quizás, que vuelve a hacer aquello que solía hacer en el negocio de su madre y que lo hacía felíz: el collage sobre muñecos de arcilla. Que no importa cuántas capas de telas floreadas pueda poner sobre ellos, en el fondo siguen siendo de arcilla. Y la arcilla está ahí, vestida, disfrazada, con un aspecto diferente, pero es la base del muñeco.

Finalmente, llegamos al momento en que Vicente se ve reflejado en el periódico, lo cual rompe su paz interior y lo lleva a matar tanto a su raptor como a la madre de éste. Y no es casual que en ese momento este también de negro. Es un signo de rebelión y disconformidad con su apariencia. El mundo exterior vino a irrumpir su calma y lo movió a actuar.

Y termina la película con un Vicente habitando el cuerpo de una femme fatale, radiante y femenina, pero que, en sus últimas palabras, reafirma su esencia y su verdad ante los que ama: Soy Vicente.

Por gisela manusovich - Publicado en: TRABAJOS DE ALUMNOS
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Tuesday 22 may 2012 2 22 /05 /May /2012 14:57

La piel que habito, historia de venganzas

Por Enrique Luis Sánchez

Estamos frente a dos venganzas, la primera cuidadosamente planificada e inexorablemente ejecutada, en tanto que la segunda fue pensada paso a paso a lo largo de seis años, prolijamente registrados, y que solamente espera su oportunidad. Sin embargo, como en un juego de espejos, el vengador termina ejecutado y el objeto de venganza se erige triunfador.

Nada es lo que parece y, sin embargo, las piezas calzan perfectamente, como un puzle o como en los trozos de piel que Robert tan bien y prolijamente hilvana sobre la piel de Vicente, devenido en Vera. la-piel-que-habito-2011-01.jpg

Cual moderno Pigmalión o nuevo Dr. Frankestein, Robert perfecciona su técnica y la aplica paso a paso, sin prisa, aparentemente contando con la complicidad implícita de Vicente/Vera, quien, pudiendo deshacerse de implantes y suturas, deja que el amo prosiga su obra a su arbitrio, llegando incluso a la dilatación vaginal en pos del perfeccionamiento de su obra.

Esta Galatea se asemeja a Gal, una Gal milagrosamente redivida, ahora sí solamente suya, impoluta, sin rastros de su engaño ni huellas del fuego sobre la piel.

Pero el plan falla: Gal (Vera) vuelve a ser poseída por Zeca y Robert ve su obra mancillada, y a modo de rabiosa rebelión, la posee por primera vez. Robert no duda en deshacerse del transgresor Zeca, vengando de esta forma dos veces el mismo avasallamiento.

Cuando la obra parece concluida, armoniosamente ejecutada, Vera se reconoce en Vicente, y todo su encono acumulado estalla en un encuentro final de sexo y muerte. Galatea se ha vengado. Vera asume su nuevo estado, pero recupera a Vicente frente a su madre.

Sin embargo, ya nada podrá ser como antes. Es incierto el futuro de Vera/Vicente, como un Jano de dos caras que nunca sabrá cuál es la verdadera.

Por gisela manusovich - Publicado en: TRABAJOS DE ALUMNOS
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Tuesday 22 may 2012 2 22 /05 /May /2012 03:09

 

“Fiesta de disfraces”

 Por Paula De Giacomi

La-Piel-Que-Habito Fue bastante difícil estar sentada (intentando) escribir algo sobre “La piel que habito”. Demasiadas complejidades, detalles, imágenes y caminos bifurcados (para mi gusto) y quizás por eso, no pude más que focalizarme en lo más simple y evidente, la “piel”. Ya el título nos habla de la misma.

¿Pero a qué se refiere? ¿Qué es lo que nos define: es la piel con la que vivimos, con la que vestimos lo que hace que seamos quienes somos, o es lo que esta en nuestro interior más allá de lo externo, nuestra esencia?

Dudo haber podido responder esta pregunta, pero sí pude ver los diferentes significados que tiene para mí “la piel” en la película de Almodóvar.

Roberto es un prestigioso (e inescrupuloso) cirujano que esta investigando sobre una piel llamada “gala”, que es el resultado de una (extraña) experimentación que surgió a partir de la “transgénesis”. Esta nueva piel, es artificial, más dura y resistente que la humana, por ejemplo puede soportar quemaduras y picazones de insectos sin sentir dolor esto lo demuestra la escena en que Roberto quema y pone un insecto sobre la piel de Vera y ella dice no sentir nada. Esta nueva piel parecería ser una especia de “aislante” a determinadas sensaciones.

Encuentro en la película varios objetos simbólicos que para mí se asocian a la “piel”, por ejemplo los guantes de látex de Roberto. Como cirujano es esa “piel” que él se pone para tocar (o no tocar) a quienes (por elección o no tanto) tiene bajo su poder en el quirófano, guantes delicados, asépticos, que no permiten el más mínimo contagio con nada que venga de ese otro. Los guantes definen (simbólicamente) su profesión y ciertos rasgos “aparentes” (quizás justamente opuestos a los reales) de su personalidad.

También lo vemos colocando una delicada trama de “piel” sobre un maniquí sin cabeza, que en un fundido la cámara nos muestra como resultado la nueva piel de Vera (el otro personaje principal de la película). Vera completa la secuencia con la cabeza que le faltaba al maniquí, el maniquí (sin vida) es ahora suplantado por alguien que no parece tener libertad de movimiento (como ese objeto anterior) pero sí tiene cabeza, esa cabeza que (como decía la mujer de la televisión) es ese mundo interior en el que nadie podrá acceder por mas manipulación que se intente hacer. Esa cabeza es en realidad donde ella habita, su verdadera “casa” (como los dibujos en la pared que muestran un cuerpo humano con una casa dibujada en lugar de cabeza).

Pero también es real que vamos por la vida llevando “pieles”... Como la mujer de Roberto, que lleva esa piel quemada por el incendio (quizás las llamas como símbolo de su propia pasión) y luego cubierta de gasas, esas vendas que casi se convirtieron en parte de su propio organismo, respirando olor a “carne quemada”. Esa misma piel destrozada que al verse reflejada en el vidrio de la ventana hizo que Gala se tirara al vacío, porque en ese instante, esa piel horrorosa la definía y eso era demasiado insoportable.

Y el disfraz de tigre de Zeca, colorido y peludo también puede igualarse a la piel, cargando esa marca de nacimiento que lo hacía inconfundible. Ese disfraz de “rey de la selva” que lo dejó muerto como un perro sobre la cama ensangrentada.

Y el vestido rosa, aniñado e inocente de Norma que la representaba. Esas ropas que le apretaban y le daban una sensación “claustrofóbica”, como ella misma decía. Por eso no soportaba ponerse ropa entallada cuando estaba internada, quizás porque en esa instancia, ya su mente no soportaba más los límites, como su cuerpo.

Y el uniforme de sirvienta de Marilla, ese uniforme que la mostraban como algo que en realidad no era, pero era el papel que había representado durante toda su vida al lado de Roberto. No era “necesario que te lo pusieras” le dice él, pero ella se siente más cómoda con esa ropa, que con la verdad que le esconde a Roberto, su hijo.

Y la máscara de Roberto en el momento del secuestro, ese goma que lo “cubre” (o lo muestra en su esencia) porque la cara de un cirujano prestigioso no puede aparecer en el momento en que se le apunta a alguien con un arma, para luego secuestrarlo.

Vicente, el otro personaje de esta historia, trabaja en un local de ropa usada, su madre es modista y en la primera imagen que tenemos de él, se lo ve vistiendo a un “espantapájaros” que funciona como maniquí en una vidriera.

En otro momento, lo vemos cociendo y cortando retazos de tela sobre este muñeco, un cierto paralelismo entre la actividad de Vicente, que le da rasgos de vida humana a un muñeco, y el oficio de Roberto, el de manipular como muñecos a quienes tiene, en realidad, vida.

Vicente le ofrece a Cristina, la empleada (lesbiana) del local y su compañera de trabajo, un vestido de flores para que se lo pruebe, pero con o sin vestido estampado, Cristina sabe perfectamente dónde esta su objeto de deseo, y no es en Vicente precisamente. Es este mismo vestido que usará él (ya transformado en Vera) en el final de la película donde, con sus ropas de mujer y su infaltable campera de cuero (ya no negra y masculina, sino roja como el color de la sangre) seguirá habitando (a pesar de que ni siquiera su propia madre lo reconoce) en la cabeza de Vicente.

Vera/Vicente, que vistió una piel “demasiado fina” en algún momento marcada con cortes, cicatrices y quemaduras, con roces de cadenas en sus muñecas y tobillos. Luego pasará a estar cubierta con un “body” que no le dejaba entrever ni un centímetro de su verdadera piel (que a esa altura de “verdadera” ya no tenía demasiado) para terminar llevando esa piel artificial creada por Roberto.

Vera pasaba las horas rompiendo vestidos de mujer (esos que quizás le recordaban a su vida pasada) armando con esos fragmentos las “pieles” de sus objetos, como las esculturas de Louis Bourgeois, con retazos de tela que en su conjunto formaba otra cosa, y amasando arcilla para darle forma a esas caras sin vida que la miraban constantemente (incluyendo la de Roberto).

La “piel” que Vera habita no es la propia, fue creada, trasformada y mutilada por Roberto. No es propia la ropa que la viste, pero (como dije anteriormente) tampoco lo es el uniforme de sirvienta de Marilla, ni el disfraz de Zeca, ni las gasas que tapan el cuerpo de Gala, ni el vestido rosa de Norma, ni siquiera los guantes sépticos de Roberto. Todas estas “pieles” los cubren, los representan, o quizás, simplemente los “tapan”. 

 

Por gisela manusovich - Publicado en: TRABAJOS DE ALUMNOS
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Tuesday 6 march 2012 2 06 /03 /Mar /2012 23:47

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Todos los martes (coordina Gisela Manusovich) 

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Por gisela manusovich - Publicado en: CURSOS
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