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3 noviembre 2009 2 03 /11 /noviembre /2009 16:21

Perdidos en la ciudad

 

 Por Paula De Giacomi

 

“En la ciudad de Sylvia” de José Luis Guerín es una película, que en gran parte, esta construida por nosotros, nosotros los que la miramos desde la distancia y que vemos lo que sucede en cada callejón, en cada cara, en cada rincón de esa ciudad tan lejana, pero a la vez tan parecida al ritmo vital de cualquier lugar urbano del mundo.

Y yo cuando la veía me quedé pensando en la idea de las “apariencias” y la “pérdida”…

 

Para empezar, es importante tener en cuenta que el argumento de la película habla sobre una búsqueda y para que haya una búsqueda, algo debió perderse primero.

Un hombre busca a una mujer (Sylvia) que hace seis años conoció en un bar en Estrasburgo. Regresa luego, a esa misma ciudad para encontrarla. No hay rastros de ella, solo el recuerdo de ese momento. Y si hablamos de recuerdo, también hablamos de algo que se perdió, pero que se mantuvo en la memoria.

Así vemos en la mesa de luz de la habitación del protagonista, el “recuerdo” del bar “Les aviateurs” donde conoció a Sylvia, un papel en donde de alguna manera quedó “inscripto” todo lo que sucedió esa noche.

 

Una imagen potente es la sombra, que para mí representa lo que no es real, la ausencia del objeto (vemos la sombra pero no el objeto en sí).

De esta misma forma, creo que Sylvia es una “sombra”, por más que el protagonista la busque (y que en el mejor de los casos, la encuentre) esa Sylvia de hace seis años ya no existe. Ese instante se perdió (y no se repite más) el personaje masculino esta buscando algo que nunca más va a poder recuperar.

 

Otra imagen relacionada con esto es el reflejo de las personas en los vidrios. Acá  también podemos hablar de  “apariencia”, no vemos a las personas como son, sino como reflejos casi fantasmales. Si nos acercáramos y quisiéramos tocar lo que muestra la cámara, solo tocaríamos un vidrio plano, ahí no esta la persona, esta su “espejo”.

Sylvia es un reflejo, el recuerdo de ella en la mente del protagonista funciona de la misma forma, como un espejo borroso, tan borroso, que ni siquiera él tiene la certeza de su cara, una auténtica “ilusión”. Y así cree verla en los ojos de otras mujeres, las observa y las persigue, como si fuera detrás de un espíritu que no va a poder alcanzar ni tocar, porque ya esta muerto…

Por otro lado, podríamos pensar también que el cine es en su escencia, una (gran) ilusión, ahí las cosas tampoco se pueden tocar, son planas, no existen y en el mismo instante en que las estamos observando y escuchando, ya se “perdieron”.

 

Otro elemento es el dibujo. El protagonista dibuja constantemente mujeres en su cuaderno, dibuja con sus manos como sus ojos las captan, son líneas sobre un papel que forman caras parecidas (nunca idénticas) a esa mujeres que se le aparecen. Pero no son las mujeres, ellas no estan y por mas que sus dedos toquen el papel, nunca va a poder sentirlas.

 

 

Por último, un detalle para tener en cuenta es que los protagonistas no tienen nombre y el único personaje que lo tiene es el personaje ausente y es además, el que le da nombre al título del film (“En la ciudad de Sylvia”). Sylvia es ese personaje que no esta, de esta forma, ya el título nos adelanta un tema importante que recorrerá toda la película.

 

Y me quedo pensando… que quizás se necesita crear “apariencias” para poder soportar (mejor) lo “perdido”…

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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