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7 octubre 2010 4 07 /10 /octubre /2010 16:07

 

Del otro lado de la puerta

   Por Paula De Giacomi

Eli y Oskar son dos caras de la misma moneda. Así como la oscuridad de los créditos se va transformando en nieve blanca, hasta que se mezclan, Eli y Oskar son dos partes de una misma unidad. let-the-right-one-in-19-42.jpg

Eli representa lo instintivo, aquello que mata para comer y cuyo fin último es la supervivencia. Es atemporal, por lo menos si tomamos el tiempo como algo exclusivamente humano (ella dice tener aproximadamente doce años, no sabe cuándo nació) y su cuerpo se rige por leyes que no son humanas tampoco (se la ve en pleno invierno sin abrigo). Su manera de accionar esta más del lado de un animal, que de un humano (es interesante ver la forma en que mata a sus víctimas, en los planos distantes se ven sus movimientos confundirse con un animal matando a su presa).

Oskar mientras tanto, fantasea… Guarda cuidadosamente en una carpeta recortes destacados de asesinatos de toda índole, así como “colecciona” golpes y humillaciones de sus compañeros de clase, agarra su cuchillo y lo clava contra el tronco de un árbol, al grito de palabras agresivas y guarda el elemento filoso debajo de la cama como si fuera algo muy preciado, algo que es importante esconder y no ser visto por los demás.

La película comienza con Oskar con el torso desnudo, se lo ve frágil y muy blanco, como un fantasma, reflejado en el vidrio de su ventana. Lo vemos poner la mano en el vidrio, quizás para verificar que realmente lo que ve reflejado en él, exista…

Una escena fundamental es cuando Eli y a Oskar estan enfrentados, con la puerta de por medio y un vidrio que los divide, no se pueden tocar, pero ahí estan, uno enfrente del otro, mirándose, intentado “dejarse entrar mutuamente”, dejar entrar esa parte negada y latente de uno mismo. En Eli es el sentimiento parecido a lo que humanamente llamamos “afecto” (creo que se demuestra cuando ella regresa en busca de Oskar, en el desenlace de la escena de la pileta). En el final, creo que Eli logra conectarse con ese lado que aparentemente no poseía  y es ahí donde matar cobra una dimensión diferente (ya no para comer sino para defender a Oskar).

En Oskar, ese lado impulsivo que tenía bien guardado debajo de la cama sale a flote cuando logra, por primera vez, pegarle a su “enemigo escolar” (en la escena de la excursión) incentivada por Eli, que le exige que se defienda. Pocas veces vemos una cara de placer tan evidente en él (la cámara acompaña esta escena, parece volverse cada vez más lenta) y nosotros, como espectadores, sentimos la misma satisfacción que él (quizás porque también tengamos un animal oculto, agazapado esperando salir para dar el zarpazo). Esa es también la escencia de Oskar y no sólo la fragilidad que lo acompañaba en los primeros minutos de la película.

Después de que Oskar traspasa la puerta, entra en ese mundo, ya no de fantasía, sino de realidad, con cadáveres, sangre desparramada  y “espejos rotos”. Entra de la mano de Eli, mientras que ella también se introduce en el mundo de él, de esos “afectos” que a veces movilizan tanto (o más) que el hambre…

Así “viajan” juntos, un viaje que empezó cuando cada uno pudo, finalmente abrir la puerta y mirarse a la cara.

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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