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20 octubre 2010 3 20 /10 /octubre /2010 23:12

 

Detrás del velo de lo cool y de lo Pop

 por Bruno Ciancaglini

 

Mujeres jóvenes y sexys preparándose para una noche de alcohol, drogas y diversión.  El escenario donde transcurre el film estará compuesto de un conjunto iconográfico típico de esa sociedad estadounidense que más allá de lo cool y lo Pop, ostenta un fetichismo material categórico, excesivo, aquel que Andy Wharholl supo reducir a unas cuantas latas de tomate. deathproof_frontal.jpg

Autos, rockolas, carteles luminosos, bares undergrounds y discos en vinilo conforman un popurrí de elementos que, sino muertos, se han transformado en clásicos, en objetos de colección: estáticos, visibles, bellos, relucientes, condenados a la idolatría y a la contemplación. Como un instrumento más de este submundo al que nos hemos sumergido, se presentan los gigantescos carteles publicitarios donde aparece, de pies acabezas, una morocha salvaje e irresistible a la que conocemos como Jungle Julia. Y es allí donde está la clave de la película: la cosificación del cuerpo de la mujer, transformada en elemento de consumo. Es esa la construcción de una sociedad que, oculta detrás del telón de lo cool y Pop, sustenta como uno de sus pilares ideológicos  la  violencia de género, y trasforma a la mujer- reduciéndola a lo meramente visual,  condenándola exclusivamente a lo estético- en un objeto más, en una cosa: tenemos autos de carrera, rockolas, cervezas de marca, mujeres, paquetes de cigarrillos.

El film está construido desde la mirada del hombre: el asesino está dentro de su auto de frente al espejo retrovisor, como un reflejo de nosotros mismos. Luego hay un plano detalle de su ojo: mira de soslayo, devora con la mirada a las mujeres, del mismo modo que está devorando un plato de comida con las manos. No come: lo devora con desdén, de forma grosera, mientras  la grasa le chorrea por la boca. Él es Doble Mike, y quizás en su nombre y su profesión se sintetice el estereotipo exacerbado de macho dominante: un doble de riesgo es, por definición, alguien que hace lo que otro reniega por miedo al peligro, digámoslo así,  por no arriesgar su propio cuerpo. Doble Mike es una exacerbación de nosotros mismos, un alter ego: desde nuestra pasividad alimentamos la cosificación de la mujer. Así como devoramos su cuerpo desde la mirada, desde la contemplación,  él va más allá y embiste a las mujeres de frente con su auto en una escena que ilustra sin pudor  la violencia que sufre el cuerpo femenino al ser transformado en un elemento más para saciar las necesidades fálicas.

Allí hay otro eje de la película, a mi modo de ver, que representa un modelo de sociedad-no de consumo- sino consumista y nos invita a pensar qué es lo que hay oculto detrás de, para no cambiar de terminología, esa máscara cool y Pop. La violencia de género, la cosificación de la mujer, la deshumanización de las personas son construcciones sociales que se han inculcado a partir de métodos sutiles y perspicaces, casi de forma implícita como, por ejemplo, las publicidades, los carteles, las etiquetas: a lo largo de toda la película el escenario está colmado de esas estructuras cuadradas, rectas, que enmarcan, determinan, amoldan. Están en los bares, en las calles, en las bebidas, en los autos, en todos lados.  Esos carteles son la cara visible de esa sociedad, lo superficial, lo que le da forma y muestra, en su ingenuidad, su faceta mas autoritaria: insertar un producto en el mercado implica, más allá de deliberaciones que puedan surgir del terreno económico, inculcar un estereotipo, una forma de ser, crear un molde. Esos carteles dispersos por doquier, sofocantes, construyen una necesidad  a fin de zurcir el modelo de sociedad que responda a sus intereses: de esa forma el consumo de productos se expandió a todos los aspectos de la vida humana: consumo de cigarrillos, de bebidas, de amor, de autos, de felicidad, de comida, de mujeres.

Esto se puede analizar en los diálogos: son triviales, superficiales y con un contenido meramente anecdótico. Es allí que se construye el culto a la frivolidad, que es la cara visible y superficial, pero oculta detrás de esa superficie insulsa las connotaciones sociales que hemos mencionado: la construcción de la sexualidad, el fetichismo de mercado, la banalización de las relaciones humanas. Esto está presente, también, en la estructura temporal del relato: el montaje presenta grandes saltos temporales y espaciales, en los que pareciera dejar grandes lagunas. Sin embargo cada vez que una de las chicas envía un mensaje de texto observamos el tiempo real que tarda en escribirlo y enviarlo, hasta que al fin, después de unos pocos segundos, llega a su destinatario (el celular siempre enfocado desde un plano detalle). Aquí, desde la construcción temporal, vuelvo a la idea de lo visible y lo tácito, lo indispensable y lo que no lo es, la alteración de las prioridades. Acaso parece tener más importancia el envío de un mensaje de texto absolutamente trivial, que la resolución de algunos diálogos que quedan flotando en la nada: lo trivial por encima de la relación humana, el celular por encima de la persona.

Otra vez: lo humano puesto a la misma altura que el objeto, que la cosa. Una de las chicas le dice a Doble Mike “No me das miedo vos, me da miedo tu auto” y en la segunda parte de la película, ya con el asesino observando a sus próximas victimas, vemos- luego de que el color de la imagen desaparezca por unos minutos- a una de las mujeres vestida del mismo color que su auto, quizás en la escena que represente de forma más ilustrativa esta idea.

Finalmente vemos la venganza de la Mujer frente a ese macho dominante que la persigue, la amolda, la banaliza: las chicas, luego de ser perseguidas por Doble Mike, van en busca de el. Los roles se invierten y ahora son las mujeres la que lo persiguen sin piedad, lo lastiman mientras disfrutan de su dolor, y lo hacen chocar de frente contra un cartel publicitario. En otros términos, se produce el choque entre el actor intelectual y el medio visual, ambos artífices y propagadores del lugar que le han asignado la Mujer. Este impacto  provoca la ruptura: las jóvenes logran atrapar al maniático y muelen a golpes ese cuerpo humano que, al igual que el de ellas, es el lugar concreto que recibe toda la violencia de una sociedad que lo ha transformado en una cosa más, en un objeto, un algo.

El argumento parece no decir nada, sino mostrar una típica historia de chicas  drogonas y sexys en autos de lujo sofocadas por un asesino maniático, poco más que un capricho adolescente. Pero no: todo está en el relato, en lo que subyace detrás de esa apariencia rítmica, colorida y entretenida. Porque, claro está, hay algo más allá de lo cool y lo Pop.

 

 

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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Comentarios

s 08/04/2017 06:09

por esto no los invitan a las fiestas, cierto?

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