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3 septiembre 2010 5 03 /09 /septiembre /2010 17:07

Putting out the fire with... celluloid

 

Por Lorena Marazzi

 

Bastardos sin gloria habla del cine y su poder. De cómo es capaz de matar, vengar, ajusticiar como en un western, haciendo realidad cualquier fantasía, incluso, la de desarmar y volver a crear un hecho histórico tan intocable como la Segunda Guerra Mundial.

 

A veces, en las películas, realidad y ficción pueden confundirse si nos olvidamos del dispositivo que transforma, como por arte de magia, un discurso en imágenes tan similares a lo real. Bastardos nos recuerda que no es más que una visión particular, un juego, nada inocente pero juego al fin. Esto se ve a través de la gran variación de ángulos de cámara que no parecen responder a ningún concepto en particular más que mostrar distintos puntos de vista. Las extravagantes puestas en escena en momentos donde el argumento podría ameritar una mayor seriedad, junto con los personajes caricaturizados con humor, subrayan esta idea de ficción. Por ej. en la escena de la cabaña, la despedida de Landa tan teatral mientras sus soldados acribillan a los judíos y la escena del encuentro entre Landa, la actriz y los Bastardos en el cine, donde todos juegan un rol. El cine funciona también como garante de la realidad cuando el soldado inglés de la Operación Kino se excusa ante el nazi, en la discusión por su acento alemán, diciendo que fue filmado en una toma de una película de Leni Riefenstahl. La adoración al star system en el personaje de la actriz, quien dirige todos los movimientos y la frase que el flamante padre le dice en agradecimiento a su autógrafo: "mi hijo no la conoce pero va a crecer viendo sus películas y la va a admirar" remarcan la importancia del cine. Shoshana, ahora llamada Emmanuelle, la dueña del cine, se prepara para la noche del estreno. Aparece en una habitación con un ventanal circular en el centro del encuadre, que bien podría remitir tanto al cañón de un proyector como al de un arma de fuego. Su cara se funde en la cara de la actriz de un afiche de una película alemana. Está vestida de gala, con los colores de la bandera nazi y se camufla como para una guerra. Explícitamente se hace dos marcas rojas en la cara como un cacique o un soldado. Toma vino tinto y carga el arma con sus uñas rojas. Por último, se calza un sombrero negro con un tul como de viuda. Tanto rojo anticipa el fuego con el que quemará su cine pero más roja  será su propia sangre, que se derramará antes de ver cumplida su venganza. El tema musical es de David Bowie, llamado Cat people (putting out fire), cuya letra habla de prender fuego y de ojos verdes que se vuelven rojos. Lo escribió para una película en  1982, lo cual nos aparta de la época subrayando la idea de ficción y la constante referencia al cine. Cuando Marcel la ve personificada le dice "Danielle Darrieux", –una actriz francesa que permaneció en Francia durante la ocupación nazi y cuyo primer papel fue en la película El baile, basada en el libro de Iréne Némirovsky –escritora judía que murió en el holocausto–.

 

Para su plan, ella filma una película y hace un montaje con el filme nazi. Con ese montaje empezará la masacre. A partir de la única frase en inglés que dirá el actor, empezará la actuación de Shoshana, también en inglés. En la cabaña de la primer escena Landa habla en inglés antes de dar su orden. Pareciera que el inglés hiciera de idioma universal. Shoshana bajará la palanca del proyector como si accionara una bomba.

 

El protagonista del estreno es soldado y actor a la vez. No sintió culpa en su realidad de francotirador mientras mataba a cientos de hombres pero se siente mal al verse actuando ese papel, proyectado en la película. Curiosamente le es más fuerte la ficción que la realidad.

En Bastardos la guerra está fuera de campo, sólo la vemos representada en el cine.

 

El soldado y Emmanuelle se matan entre sí muy al estilo de Bonnie and Clyde. El actor principal y la proyeccionista mueren antes de que termine la función. Los numerosos balazos no se escuchan desde la sala porque son más fuertes los disparos que resuenan en la película. La imagen de los cuerpos muertos contrasta con sus actuaciones vívidas en la pantalla. En primerísimo plano de Shoshana y su risa, en la pantalla grande en llamas, remiten a la actriz de Metrópolis.

 

Dos planes paralelos, el de Shoshana y la operación llamada Kino, involucran al cine para un mismo fin. El arma simbólica y literal es el cine mismo, un mensaje filmado y el nitrato que quemará la sala, dando como resultado no sólo la muerte de los más importantes dirigentes nazis sino el fin de la guerra. Cuando Marcel se ubica detrás de la pantalla, se mezcla la imagen de los cientos de cartuchos de bala apilados con la montaña de rollos de celuloide esperando convertirse en fuego.

 

Bastardos sin gloria fantasea con cambiar la historia con una película y quiere dejar una fuerte marca, como esa svástica tallada en las frentes.

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Published by gisela manusovich
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