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17 octubre 2012 3 17 /10 /octubre /2012 23:21

¿EL HOMBRE DE AL LADO, DE AFUERA O DE ADENTRO?

Por Vanesa Markiewicz 

¿No te pasa a veces que te sentís como si fueras otra persona? Quizás de tanto intentar estar en sintonía con  alguien dejas de ser vos mismo para convertirte en alguien extraño, ajeno a vos, que pretende agradar a quien, si verdaderamente fueras vos mismo, preferirías apartarlo de tu vida.

EL-HOMBRE-DE-AL-LADO1 Hay personas que no sólo en estos momentos incómodos con gente poco deseable aparentan ser un “otro” agradable, sino que hacen de éste extrañamiento una forma de vida, una vida que viven solo para aparentar ser interesante, o despreocupado, o mediocremente feliz. Hay personas cuya artificialidad verdaderamente llega a asustar, personas pedantes que tienen como pilar su propia fachada,y a las que crees que nunca vas a llegar a conocer del todo.

Leonardo es una de estas personas, revestido de un revoque tan bien pintado que si fuera una pared, te darían ganas de hacerle un grafiti. Pero a medida que la película avanza entendés que una vida tan fría y vil como la que lleva, no puede ser otra cosa mas que una coraza que utiliza contra el mundo, hizo de su casa su propio campo de fuerza que lo aleja de todos, pero que también y paradójicamente, lo pone a la vista de todos… el problema aparecerá cuando sea él mismo el que quiera invadir su “privacidad”.

Las mascaras llegan a asfixiar, eso no se puede negar, tu verdadero “yo” contenido, siempre tiende a tirar abajo la careta de condescendencia que te ponés cuando estas cansado de “gustarle” a la gente, o de aparentar que todo está bien, cuando por dentro hay alguien que quiere gritar.

Dentro de Leonardo hay alguien que quiere gritar, que quiere tirar abajo la fachada golpeando desde adentro, que quiere escaparle a esa asfixia para “atrapar unos rayitos de sol” de ese exterior que se le niega. Víctor representa este Leonardo asfixiado con ganas de salir, con ganas de gritar, bailar, reír y hasta en algún punto, intimidar de verdad.

Desde los créditos se nos muestra el trabajo insistente, molesto e impertinente de “alguien” abriéndose paso desde la oscuridad, ¿el objetivo es mirar, o que lo vean?

La molestia de Leonardo es contagiosa, a nadie le gusta que tiren abajo un revoque, a nadie le gusta que dejen al desnudo sus ladrillos, su cemento, sus oscuridades. Todos pueden verlo desde edificios cercanos, miles de rostros y turistas anhelantes de historia pueden pasar frente a su casa, sacar fotos y marcharse con el recuerdo de una fachada, porque es precisamente lo único que Leonardo quiere dejarnos, una foto cuidadosamente construida de su apariencia inteligente. Su profesión misma nos habla de esto, vive para diseñar estructuras que otros puedan disfrutar. El problema claramente no son los edificios cercanos que diariamente lo observan, o los turistas ansiosos carentes de prudencia; el problema, desde el principio, es él mismo. Cuando Víctor irrumpe en su vida, realmente será un problema… la tan trillada frase: “cuando la conciencia te persigue”, no podes vivir tranquilo. Cuando su “yo” contenido finalmente le abre un agujero a la máscara y se deja ver, a toda costa intentará neutralizarlo, taparlo, devolverlo a la oscuridad de la que no debería haber salido.

Víctor es este Leonardo amenazante, en más de una ocasión lo amenaza de muerte “en chiste”. Claramente nadie puede vivir sin una fachada, pero lo que quiere Víctor, es convivir con Leonardo, no dentro de su casa, sino a través de una ventana por la que cada tanto se lo mire… por eso lo que hace es una ventana, y no una puerta. Lo que quiere matar es esta vida inútil en la que tan cómodamente parece que vive.

Analicemos un poco la luminosa casa de Leonardo, con tantos espacios, con tantas ventanas, con tantas vidas. Dijimos antes que su casa es su propio fuerte, su coraza, su protección. Es su propia personalidad abismada por doquier, dentro de ella, o mejor, a través de ella podemos ver como se relaciona también con los demás.

Con su mujer siempre se nos lo presenta de algún modo fragmentado, una relación tan artificial como su propia vida. La encontramos por primera vez compartiendo su cama, cuando detrás de Leonardo solo podemos ver un rostro partido y fuera de foco.

En la escena que sigue los divide el marco de una de sus ventanas (las ventanas de Leonardo). En otra escena en la que se lo (semi) muestra preparando la cena, el modular flotante ocupa el lugar en el que debería estar su cabeza mientras dialoga con su mujer. Trabajando sobre el escritorio con sus computadoras nuevamente solo podemos ver partes de los dos, como completando un rostro extraño.

Siguiendo la idea de que ésta casa representa por entero lo que es esta vida artificial que se construyo, se puede entender perfectamente éste matrimonio, una relación desenfocada, dividida y tan muerta como la madera de los muebles que sustituyen su rostro.

Con su hija la vemos comunicarse de dos formas distintas, y esto es muy interesante. Dentro de su “casa” traba con ella una conversación clave. Vemos a Lola de frente, aparentando escucharlo con uno de sus oídos, pero mirando todo lo que hay para ver de su papá dentro de ésta casa. Retazos circulares y caricaturizados que de alguna forma extraña e hipócrita intentan comunicarse con ella, sólo eso. elhombre7

La escena es muy distinta cuando es Víctor quien encuentra una manera de “hablar” con ella. Lola no quiere una fachada ridícula, Lola quiere descubrir lo que hay debajo y divertirse con algo tan simple y vulgar como una caja amueblada de frutas y galletitas. Ya la música no cubre a su padre, sino que es ella la que añade risas y sonido a una obra dedicada sólo para ella, en Víctor está el verdadero “yo” con el que Lola quiere comunicarse y dedicarle su alegría.

Todos los golpes y ruidos  que lo despiertan de este letargo aberrante vienen desde adentro. Hay un Víctor interno que se quiere escapar, que lo desafía, lo persigue y lo incomoda. Cuando lo vemos sentado en la silla de su escritorio, tapándose los oídos, tratando de sofocar los ruidos, pareciera como si estos realmente salieran de adentro de él mismo… escapando cada tanto cuando los deja en libertad.

Leonardo está en una lucha consigo mismo que sólo va a terminar cuando uno de los dos muera, y es (oportunamente) en el final de la película donde se resuelve esta contradicción. Lamentablemente la cobardía le ganará una vez más y dejará morir a ese ser interior que había llegado para salvarle la vida a su hija, y hasta incluso a él mismo.

Víctor cae, y vuelve a la oscuridad de un hogar que con una nueva piel cicatrizada se recubre. De esta herida no van a quedar huellas.

el hombre4 En la última escena nos quedamos dentro de Leonardo, una vez más asfixiado y reprimido, por lo menos hasta que  otro  vecino interior se canse de esperar y abra una nueva ventana.

 

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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Comentarios

nak 01/06/2016 06:11

Buena critica. Cuntos leonardos hay en la vida. Que facil el sistema nos transforma en eso.

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