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1 noviembre 2010 1 01 /11 /noviembre /2010 19:10

El sueño de Pinocho

Por David Javier Wajchman

 

I - EL VIAJE

 

El viaje es lo importante. El viaje es el movimiento, el cambio.

Desde los créditos, el director nos muestra el inicio de un viaje. El viaje de una carta rosa en medio de miles de otras cartas, “no rosas”.

Una carta rosa en medio de enormes camiones, aviones, rutas. Algo que irrumpe. Algo distinto.

 don-living.jpg

La búsqueda de un supuesto hijo será la excusa perfecta para que nuestro protagonista, Don, emprenda su viaje. Su búsqueda.

Cuál es la búsqueda? Es la búsqueda de su humanidad. Aún hay algo de humanidad en Don.

Pero no está ahí nomás. Está muy cerca y a la vez muy lejos.

Don saldrá expulsado de su cómodo living hacia el mundo. Saldrá de su modorra y su jogging, eyectado hacia un viaje. Un viaje profundo hacia el interior de su ser.

 

El motor de su viaje es su encierro, su opresión. Don está muy quieto, encerrado en un viejo sofá mirando la película “Don Juan”. Jarmusch nos lo presenta por primera vez de esta forma.

El encierro se verá reflejado claramente mas adelante, en la incomodidad de su sofá al quedarse dormido, en los aviones, en la cama con Laura (la 1er. mujer de su viaje). Lo veremos atrapado detrás de sus lentes oscuros y de su extrema inexpresividad. Atrapado en su estereotipo de Donjuan.

 

Don no sabe cómo salir, pero el viaje es su destino. El director nos sugiere esto en diversas situaciones.

Me parece interesante la sutileza de la escena previa a su partida. Es una escena bastante larga en la cual Don está sentado en su sofá, en su clásica postura. Todo está muy quieto…Pero de fondo se escucha a modo de contrapunto una música ochentosa tipo “música disco” que transmite mucho movimiento. Don mira hacia la mesa ratona, en la cual hay una botella de champagne y una copa. La cámara apunta en un primer plano a la botella y a través de ella, se puede ver el reflejo de la ventana abierta y con mucha luz.

Luego Don mira hacia la puerta como diciendo: ya estoy, ya salgo. Son solo pequeños gestos en su rostro.

Don ya tomó la decisión e inmediatamente lo vemos sentado en el aeropuerto. Este corte abrupto es distintivo en la película ya que en general la puesta en serie presenta transiciones mas prolongadas. La catapulta funcionó. Don, ya no tiene su jogging, sino un traje bien prolijo y está esperando el vuelo para iniciar su viaje.

 

II - WINSTON

 

Don tiene una fuerte necesidad de salir de su opresión, pero casi nada lo mueve. Habita una casa de piedra, su segunda piel. Sherry le entregará su carta rosa y se irá con una frase que perfectamente podría pronunciar Don: “no sé lo que quiero, pero quiero averiguarlo sola”.

En un milisegundo se puede ver algo de la humanidad de Don. Ese pequeño quiebre que le permitirá salir de su casa de piedra y encontrar un ingrediente fundamental para poder materializar su viaje: Winston. winston.jpg

 

Winston, el opuesto de Don. Su imagen fotografiada en una especie de su “negativo”. Lleno de vida, de movimiento, de música, de colores y afectos. Winston, nombre que en inglés antiguo significa “victoria”. Muy emparentado con Churchill, hombre clave en la resistencia y victoria frente a la opresión del nazismo.

 

Winston y su entorno (su familia, su casa llena de colores y adornos), nos mostrarán nuevamente algo de la humanidad de Don, quien le brindará su ayuda con la computadora y ensayará algunos juegos con los chicos.

 

Winston estará presente para despabilar a Don. Encenderá la mecha de su viaje, le indicará el procedimiento con un elemento fetiche (las flores) y le sacudirá la modorra con sus llamados telefónicos. En definitiva, será clave para que Don consiga su victoria frente a la opresión.

 

III – LO ONIRICO Y LO ARTIFICIAL

 

Lo onírico nos es omnipresente durante toda la película. Los sueños le permitirán a Don atravesar profundamente su ser y convertirse en alguien distinto.

En la vida, ante la dificultad, muchas veces la salida está en soñar. Podemos soñar en los lugares mas opresivos. Un viaje en un subte en horario pico, atestado de gente puede ser suficiente. Desde allí sueña Don, nuevamente, desde su situación de atrapado con salida.

 

Tal como sucede con la excusa del hijo para su viaje, aquí no es importante identificar en qué momento comienza el sueño. Puede que toda la película sea un sueño. Puede que Don haya soñado lo sucedido mientras estaba en su sofá. Lo importante es el rol de lo onírico en su viaje. La posibilidad de salir de su opresión.

La música etíope que marca la compañía de Winston y todo su colorido le brindan mayor cuerpo al clima onírico. Las rutas, los puentes, las imágenes en su espejo retrovisor armonizan en el conjunto.

 

maquina.jpg Lo artificial también tiene una gran dosis de presencia que está relacionado a lo fantasioso, a lo soñado.

Se puede ver desde el nombre mismo del protagonista, “Don Johnston”, una burda imitación del nombre del actor Don Johnson o de Donjuan.

 

Situaciones oníricas y artificiosas aparecen por docenas en la película.

Desde la insistente aparición del color rosa en distintos momentos (carta, casas, cintas, ropas…), hasta el encuentro con Lolita, la hija de su primer ex (sueño con una adolescente desnuda). En la misma situación, la actriz Sharon Stone sale al encuentro de Don desde su auto deportivo modelo “S.S.”.

 

En la segunda visita, lo primero que ve Don al sentarse es un florero con flores entre dos sillones y encima un cuadro, justamente de un florero con flores. Una clara oposición de lo artificial con lo real.

En esta secuencia, el director nos muestra un personaje extremadamente estereotipado, caricaturesco. Ron el marido de Dora, que le largará a nuestro protagonista: “es un antiguo amor tuyo..” y luego agregará riéndose “Ron y Don”, al estilo “Tom y Jerry”.  

 

IV – EL PROCESO A TRAVES DE LAS MUJERES

 

El viaje implica un proceso. Lo más atinado para un Don Juan es vivirlo a través de mujeres. Durante el proceso, sus ex parejas lo irán movilizando. Lo irán sacudiendo.

 

Es llamativo en este sentido como el director va incorporando a través de la puesta en serie, un in crescendo de densidad y dramatismo.

 

La primer visita es la que presenta mayor liviandad. Don se encuentra con Laura y su hija Lolita. Las escenas rebasan frescura. Por mas que en algún momento hay algo de dramatismo, estamos casi frente a una “divertida anécdota”. mujer1.jpg

 

Ya con la segunda ex, Don vive una situación mas densa, en donde asoma algún hecho del pasado que trae cierta incomodidad. El silencio es un protagonista importante. Lo “no dicho” cobra preponderancia frente a lo “dicho”.

 

En el tercer caso se ve una situación menos liviana aún. Una ex que pasó de ser abogada a interpretar a los animales. Ella mantiene una relación con su joven secretaria que se nos muestra un tanto confusa. En esta visita no es menor que Don, reciba por primera vez el rechazo de “sus flores”.

Podemos decir que ya en esta secuencia hay una transformación a plena marcha en nuestro Don.

 

mujer 2 En su cuarta visita, hay un cambio importante. Ya no hay avión. Ni siquiera hay una ex que lo invite a entrar a su casa. El director va derecho al grano. Sin muchas vueltas, Don recibirá su buen golpe y despertará dolorido y aturdido. Apenas encontrará fuerzas para poder manejar el auto y proseguir su viaje.

 

En su quinta visita si bien sigue utilizando los lentes oscuros, el sentido de su uso es distinto al habitual. Está ocultando sus lastimaduras y magullones. Ocultar lo inocultable es una forma de mostrarlo. La florista le pregunta entonces: “Está Ud. Bien?”.

Don aparece mas humano y se deja ayudar por una persona absolutamente desconocida como la florista.

 

Luego Don visitará el cementerio y como muestra de humanidad, mientras acomoda las flores sobre la lápida de su difunta ex, le soltará un cálido saludo: hola preciosa.

Se sentará a contemplar la tumba, apoyado en un árbol con los ojos brillosos. No será necesario mostrarlo llorando. La tenue llovizna que nos presenta de fondo el director ya se ha encargado de ello.

 

V – LA TRANSFORMACION

 

El viaje en avión de regreso ya no nos muestra a un Don atrapado. Por el contrario, se lo nota descansando de un cansancio real, producto de las vivencias vividas en su travesía.

El viaje lo ha ido transformando de a poco. Probablemente Don no sea a partir de ahora un ser totalmente distinto, pero algo ha cambiado en su interior.

 

Luego vendrá la secuencia con su supuesto hijo y la aparición del auto con otro supuesto hijo. A modo de burla, el director nos ratifica que si esperábamos una de Hitchcock, nos hemos confundido de sala, canal de TV o de DVD. Probablemente esté resaltado esto en un efecto inverso, para acentuar que lo importante no es el hijo, sino el viaje.

 

El final nos muestra a un Don en movimiento. Corriendo detrás de un supuesto hijo. Nuevamente la excusa es el hijo, pero lo valioso es que Don corre y por sobre todo, se agita y se cansa….

 

Entonces se detiene y es allí cuando el director nos muestra mediante una  toma de 360 grados que la transformación ya sucedió. Don está parado y solo mueve sus ojos mirando a su alrededor. Pero es la mirada posterior al viaje, al proceso. Distinta, con matices de real humanidad. don2.jpg

 

Jarmush, a modo de Geppetto nos muestra su creación. Con sus magullones y sus sentimientos. Don/Pinocho, es definitivamente de carne y hueso.

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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