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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 03:09

 

“Fiesta de disfraces”

 Por Paula De Giacomi

La-Piel-Que-Habito Fue bastante difícil estar sentada (intentando) escribir algo sobre “La piel que habito”. Demasiadas complejidades, detalles, imágenes y caminos bifurcados (para mi gusto) y quizás por eso, no pude más que focalizarme en lo más simple y evidente, la “piel”. Ya el título nos habla de la misma.

¿Pero a qué se refiere? ¿Qué es lo que nos define: es la piel con la que vivimos, con la que vestimos lo que hace que seamos quienes somos, o es lo que esta en nuestro interior más allá de lo externo, nuestra esencia?

Dudo haber podido responder esta pregunta, pero sí pude ver los diferentes significados que tiene para mí “la piel” en la película de Almodóvar.

Roberto es un prestigioso (e inescrupuloso) cirujano que esta investigando sobre una piel llamada “gala”, que es el resultado de una (extraña) experimentación que surgió a partir de la “transgénesis”. Esta nueva piel, es artificial, más dura y resistente que la humana, por ejemplo puede soportar quemaduras y picazones de insectos sin sentir dolor esto lo demuestra la escena en que Roberto quema y pone un insecto sobre la piel de Vera y ella dice no sentir nada. Esta nueva piel parecería ser una especia de “aislante” a determinadas sensaciones.

Encuentro en la película varios objetos simbólicos que para mí se asocian a la “piel”, por ejemplo los guantes de látex de Roberto. Como cirujano es esa “piel” que él se pone para tocar (o no tocar) a quienes (por elección o no tanto) tiene bajo su poder en el quirófano, guantes delicados, asépticos, que no permiten el más mínimo contagio con nada que venga de ese otro. Los guantes definen (simbólicamente) su profesión y ciertos rasgos “aparentes” (quizás justamente opuestos a los reales) de su personalidad.

También lo vemos colocando una delicada trama de “piel” sobre un maniquí sin cabeza, que en un fundido la cámara nos muestra como resultado la nueva piel de Vera (el otro personaje principal de la película). Vera completa la secuencia con la cabeza que le faltaba al maniquí, el maniquí (sin vida) es ahora suplantado por alguien que no parece tener libertad de movimiento (como ese objeto anterior) pero sí tiene cabeza, esa cabeza que (como decía la mujer de la televisión) es ese mundo interior en el que nadie podrá acceder por mas manipulación que se intente hacer. Esa cabeza es en realidad donde ella habita, su verdadera “casa” (como los dibujos en la pared que muestran un cuerpo humano con una casa dibujada en lugar de cabeza).

Pero también es real que vamos por la vida llevando “pieles”... Como la mujer de Roberto, que lleva esa piel quemada por el incendio (quizás las llamas como símbolo de su propia pasión) y luego cubierta de gasas, esas vendas que casi se convirtieron en parte de su propio organismo, respirando olor a “carne quemada”. Esa misma piel destrozada que al verse reflejada en el vidrio de la ventana hizo que Gala se tirara al vacío, porque en ese instante, esa piel horrorosa la definía y eso era demasiado insoportable.

Y el disfraz de tigre de Zeca, colorido y peludo también puede igualarse a la piel, cargando esa marca de nacimiento que lo hacía inconfundible. Ese disfraz de “rey de la selva” que lo dejó muerto como un perro sobre la cama ensangrentada.

Y el vestido rosa, aniñado e inocente de Norma que la representaba. Esas ropas que le apretaban y le daban una sensación “claustrofóbica”, como ella misma decía. Por eso no soportaba ponerse ropa entallada cuando estaba internada, quizás porque en esa instancia, ya su mente no soportaba más los límites, como su cuerpo.

Y el uniforme de sirvienta de Marilla, ese uniforme que la mostraban como algo que en realidad no era, pero era el papel que había representado durante toda su vida al lado de Roberto. No era “necesario que te lo pusieras” le dice él, pero ella se siente más cómoda con esa ropa, que con la verdad que le esconde a Roberto, su hijo.

Y la máscara de Roberto en el momento del secuestro, ese goma que lo “cubre” (o lo muestra en su esencia) porque la cara de un cirujano prestigioso no puede aparecer en el momento en que se le apunta a alguien con un arma, para luego secuestrarlo.

Vicente, el otro personaje de esta historia, trabaja en un local de ropa usada, su madre es modista y en la primera imagen que tenemos de él, se lo ve vistiendo a un “espantapájaros” que funciona como maniquí en una vidriera.

En otro momento, lo vemos cociendo y cortando retazos de tela sobre este muñeco, un cierto paralelismo entre la actividad de Vicente, que le da rasgos de vida humana a un muñeco, y el oficio de Roberto, el de manipular como muñecos a quienes tiene, en realidad, vida.

Vicente le ofrece a Cristina, la empleada (lesbiana) del local y su compañera de trabajo, un vestido de flores para que se lo pruebe, pero con o sin vestido estampado, Cristina sabe perfectamente dónde esta su objeto de deseo, y no es en Vicente precisamente. Es este mismo vestido que usará él (ya transformado en Vera) en el final de la película donde, con sus ropas de mujer y su infaltable campera de cuero (ya no negra y masculina, sino roja como el color de la sangre) seguirá habitando (a pesar de que ni siquiera su propia madre lo reconoce) en la cabeza de Vicente.

Vera/Vicente, que vistió una piel “demasiado fina” en algún momento marcada con cortes, cicatrices y quemaduras, con roces de cadenas en sus muñecas y tobillos. Luego pasará a estar cubierta con un “body” que no le dejaba entrever ni un centímetro de su verdadera piel (que a esa altura de “verdadera” ya no tenía demasiado) para terminar llevando esa piel artificial creada por Roberto.

Vera pasaba las horas rompiendo vestidos de mujer (esos que quizás le recordaban a su vida pasada) armando con esos fragmentos las “pieles” de sus objetos, como las esculturas de Louis Bourgeois, con retazos de tela que en su conjunto formaba otra cosa, y amasando arcilla para darle forma a esas caras sin vida que la miraban constantemente (incluyendo la de Roberto).

La “piel” que Vera habita no es la propia, fue creada, trasformada y mutilada por Roberto. No es propia la ropa que la viste, pero (como dije anteriormente) tampoco lo es el uniforme de sirvienta de Marilla, ni el disfraz de Zeca, ni las gasas que tapan el cuerpo de Gala, ni el vestido rosa de Norma, ni siquiera los guantes sépticos de Roberto. Todas estas “pieles” los cubren, los representan, o quizás, simplemente los “tapan”. 

 

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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