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5 septiembre 2009 6 05 /09 /septiembre /2009 17:21

Mulholland Drive nos habla de los sueños.

 

Por María Cristina Di Belli
Pero de qué sueños ¿De los del ideal social común? ¿De los propios, más oscuros, más viscerales, más reales?

Es un film que permite distintas lecturas ya que se desarrolla en varias dimensiones. Los personajes son a la vez protagonistas y antagonistas. Este desdoblamiento produce una falla, una fisura en la historia, por donde se cuelan los deseos ocultos, reprimidos. Se produce un conflicto entre el “ser” y el “deber ser” que conducen a desenlaces por lo menos inquietantes.

 

Betty, una rubia, bonita, ingenua, llega a Hollywood para comenzar su carrera de actriz, que según cree, la llevará a la fama y al éxito. En el viaje conoce a una pareja mayor, de apariencia simpática, protectora, pero que a solas revela su lado siniestro, terrible.

Ensaya con entusiasmo el guión para su primera audición en un estudio cinematográfico.

Pero en la entrevista ya se introduce un elemento discordante: Desempeña su rol no como lo había preparado (de manera natural) sino en forma sensual, erótica. El director Bob Brocker parece ausente, no presta atención a la actuación y sus palabras finales son más una crítica que un elogio (Betty desempeña el rol equivocado).

 

Tomemos el personaje de Adam, representa el arquetipo del americano de clase media. Es un reconocido director cinematográfico, un hombre exitoso con una holgada posición económica.

Debe elegir a la actriz de su nueva película y sus productores de aspecto y conducta mafiosos,  le imponen a Camila Rhodes, una chica muy parecida a Betty en su aspecto físico, que canta para él una canción inocente, casi tonta. Le repiten “This is the girl”, ella es la chica, no otra.

El resto del elenco queda a su elección. Los personajes secundarios no cuentan.

 

El vaquero, legendario héroe de las películas del oeste, le advierte a Adam, que si hace las cosas bien triunfará, si no…

 

Pero ¿quién es Camila Rhodes?

En la foto que le muestran a Adam, una rubia, linda, casi insulsa.

Pero él desea que la actriz sea una morena, ardiente, voluptuosa, sensual.

 

Adam  terminará eligiendo a la Camila Rhodes de sus sueños. La lleva al éxito, al dinero, a la fama. La vida les sonríe, están a punto de anunciar su matrimonio

 

Pero, ¿Qué pasó con Betty?, ya no es ella sino Diane, el despojo que quedó cuando sus sueños se hicieron trizas.

Ama a Camila, pero también la odia, ya que triunfó donde ella fracasó, desechó su amor y aceptó el de Adam.

Su vida no tiene sentido.

Debe matarla. Cuando contrata al sicario que se hará cargo del crimen repite “This is the girl”, la inadecuada, la que debe desaparecer.

 

Un accidente inesperado salva la vida de Camila.

Asustada, semiinconsciente se esconde, comparte un sueño con Betty y al darse cuenta de que corre peligro, decide cambiar su apariencia.

Betty para ayudarla intenta transformarla en su doble.

Camila con peluca rubia es el doble de Betty, pero cuando se la quita vuelve a ser ella misma, capaz de despertar el amor y la pasión de su amiga.

 

Dijimos al comienzo que estos personajes son a la vez cara y contracara.

Dijimos también que el film toca el tema de los sueños. Ahora trataremos de aclararlo

Los sueños están tratados en varios planos: como el mundo onírico, como ambiciones y también como un anhelo supraindividual: “el sueño americano”. La aspiración de los hombres que organizaron los Estados Unidos con el deseo de construir una sociedad homogénea.

No resultaba fácil integrar a los rubios y puritanos colonos británicos que llegaban a América para construir “la nueva Jerusalén” con los indios,

hispanos, negros con quienes compartían el territorio, a los que luego se sumó el aluvión inmigratorio. Ellos estaban presentes en los márgenes de la realidad, siempre pugnando por entrar y contaminar los ideales que habían forjado los fundadores.

El vehículo para aglutinar esa masa heterogénea fue el “sueño americano”. Creado sobre principios cívicos, religiosos y étnicos este proyecto afirmaba que si los hombres respetaban a Dios, cumplían con las normas y trabajaban sin descanso, serían recompensados por la Providencia con éxito y fortuna.

El “sueño americano debía hacerse carne. Para eso apelaron a todos los medios. No desdeñaron los aportes de la Escuela de Frankfurt, que nacida al amparo de las ideas de Marx, obtuvo sus mayores logros con el uso que hizo de ellas el capitalismo. Los “mass media” son una herramienta para crear conciencia, y el cine y luego la TV resultan los vehículos más idóneos.

El modelo se repitió otra vez y saturó a la sociedad.

Y la sociedad lo aceptó. Pero ese mundo ficticio, perfecto comenzó a agrietarse y por sus fisuras empezaron a filtrarse pasiones, deseos reprimidos, actitudes inconvenientes.

Veamos el caso de Betty, la pareja mayor que la acompañó en el viaje representa a los “padres fundadores”, los creadores del modelo.

Pero ella actuó en forma impropia, por eso la castigan llevándola a la locura y al suicidio. Su papel era el de la rubia americana, ingenua, simpática, perfecta esposa y madre para el “American Adam”, no el de una erótica seductora. Ese era el rol de Camila, la latina, la que no formaba parte del “american way of life” y que correspondía al mundo de los bordes, de la fantasía.

Camila logró colarse por esos bordes y llegó al centro.

Adam la eligió y fue la ruina de ambos.

Pero hay otra vuelta de tuerca: Betty y Camila se aman. La rubia Camila Rhodes (la de la foto) besa en la boca a la Camila morena. Desean fundirse, ser una sola persona. Dejar de ser arquetipos, ser personas completas con sus contradicciones, sus claroscuros, su individualidad.

Pero ¿Quiénes son los productores mafiosos? Representan las convenciones sociales, no responden a las leyes, pero actúan con fuerza demoledora. Sin embargo no son “el poder” sino simples emisarios. El poder está muy por encima, frío, deforme, aislado, muy distante de las pasiones humanas.

Hollywood esa fábrica de sueños es la metáfora de Estados Unidos. El país que quiso construir un sueño colectivo, pero en ese sueño luminoso no tenía cabida lo distinto, lo individual, lo oscuro. Todo era diáfano y perfecto, sin los interesantes matices de gris que hubieran aportado los deseos “socialmente incorrectos”.

Se intentó reprimirlos, pero se concentraron convirtiéndose en la espantosa figura de ese vagabundo, que es la encarnación del mal absoluto, porque no tiene la posibilidad de balancearse con el bien.

Betty y Camila se equivocaron, salieron de los roles prefijados para hacer lo  prohibido. Eso las llevó al desastre.

Al final Camila y Betty se mimetizan, pero ya no hay remedio. La luz brillante de ese mundo perfecto las ha quemado, transformándolas casi en fantasmas.

 

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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