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1 agosto 2011 1 01 /08 /agosto /2011 16:45

Un Dios Perdido

Análisis del film Que la cosa funcione (Whatever Works. Woody Allen, EE.UU., 2009)

Por Victor Oscar Albornoz

 

Que_la_cosa_funcione.jpg Boris está desayunando en un bar de Nueva York con sus amigos, debatiendo acerca de dilemas existenciales, ideales y la raza humana. Y luego, sin más, nos nombra, nos habla de frente, nos da identidad. A nosotros, los espectadores. Con tan solo una mirada a cámara, destruye lo que en teatro equivaldría a la cuarta pared, y establece un lazo entre el espacio ficcional y la realidad,  entre el evento cinematográfico y quien lo mira.

Boris nos ve. Pero no es por mero capricho que lo hace, ni por el simple deseo de Allen de volver el relato un relato moderno. Boris nos ve porque él ve todo el panorama de la realidad. Es el único que lo ve todo, y no solo una parte. Así se lo explica a su primera esposa en la noche en que despierta horrorizado, habiendo descubierto la verdad. Ella le recomienda que vuelva a tomar sus medicamentos, él anuncia el fin de su pareja. Desestima la medicina porque ahora sabe la verdad, y no quiere su mente confundida por drogas.

Boris ve lo que otros no. Ellos se limitan a ver tan solo a ver las paredes ficcionales, y cuando los amigos en el bar miran hacia donde Boris señala nuestra presencia, ellos no nos encuentran. Solo ven una parte de la realidad, el espacio ficcional en el que Boris no se siente a gusto y del que, entonces, siempre se está yendo, tal como enuncia la letra de la canción en la secuencia de créditos del film.

Boris no pertenece a ningún lado. Ni a la ficción, de la cual siempre está escapando para acercarse a cámara y hablarnos. Ni a la realidad, puesto que también a nosotros nos habla y nos abandona, para volver a interactuar con los otros personajes. Se encuentra en un plano elevado, de genio, de casi ganador de Premio Nobel, y un poco también de un Dios. Su mirada es omnisciente, y de ahí nace su superioridad hacia el resto. Su grandeza está determinada por su capacidad de ver, en desmedro de la visión de aquellos que solo ven una parte, y que, por ello, no merecen el respeto de Boris, y sí merecen su maltrato despectivo. Los llama gusanos, microbios, lombrices, los mira desde arriba. Y ésta opinión de Boris se sostiene en el relato por algunas elecciones de escenarios que Allen ha dado.  No por casualidad Melody conoce al joven Randy en el Mercado de Pulgas de Nueva York, ni tampoco por casualidad el dormitorio de Boris (en cualquiera de sus dos departamentos) se encuentra ubicado en el segundo piso, mientras que sus mujeres siempre están en la planta baja. Las mujeres, en la tierra; Boris, en las alturas. Ellas nunca ascenderán hasta la habitación de Boris, y siempre que se tenga que dar una interacción, será él quien baje las escaleras hasta ponerse a la altura de los gusanos. El dormitorio de Boris es inaccesible, es el espacio del genio, su limbo; y, al no verse nunca en la película, en su ausencia visual se vuelve mítico. que_la_cosa_funciona.jpg

¿Puede Boris ser considerado un Dios que, en su grandeza, no encuentra la forma de llegar a quienes lo rodean? Podríamos decir que Boris, a pesar de su miedo a morir, es inmortal. Dos veces trata de suicidarse, sin éxito alguno, y resucitando cada vez. Y en las dos ocasiones, se repiten el modo de intentarlo, y la falla: Boris se arroja por una ventana, y antes de chocar contra el suelo, se topa con algo que amortigua su caída. Siguiendo la premisa, es un Dios se tira desde las alturas, y no consigue llegar a la tierra, donde viven los gusanos. Es un Dios que no para de descender para tratar de pertenecer.

Boris abandona su cultura y su limbo para conectarse con todos los otros personajes. Acaso el momento más visible sea el descenso de las escaleras para hablar con sus mujeres, pero también acaso lo sea el segundo suicidio, tras el cual conoce a la vidente, y el descenso que hace para conocer a Melody. En la primera escena de Melody, Boris se encuentra subiendo las escaleras de su casa, y escuchando música extradiegética. Sí, Boris no solo ve a los espectadores, sino que también escucha la música que no pertenece a la historia, sino al relato. Y esto es visible cuando, al hablarle Melody, es tal el susto de Boris a mitad de la escalera, que la música extradiegética se corta abruptamente y deja de sonar. Melody lo trae de lleno a la historia, y Boris desciende las escaleras para establecer el diálogo con ella. Una vez más, el Dios desciende.

que-la-cosa-funciona1.jpg Pero no es solamente un Dios que no puede hacer contacto con las personas. Es un Dios que no puede hacer contacto con una ciudad entera. Es un Dios que no tiene lugar en Nueva York. Tanto Melody, como su madre, y su padre, llegan a la gran ciudad siendo creyentes. Los tres provienen de Missisipi, de un pueblo llamado Edén -el nombre del paraíso, donde vivían Adán y Eva. Y de ese paraíso se marchan para, una vez en Nueva York, vivir cambios radicales, y abandonar sus creencias. Primero es Melody quien deja de creer. Luego Marietta, que deja de ir a la iglesia para vivir su menage à trois. Y luego John, quien abandona la ideología cristiana y republicana para entregarse a la creencia gay (tal como él la llama en el bar, al conocer a Howard). Lo cristiano se derrumba en la gran ciudad, las creencias se abandonan para alcanzar una felicidad pagana, pero felicidad al fin. Del Edén a Nueva York, del paraíso a una ciudad sin otro Dios que Boris: ese Dios omnisciente que se corresponde tan poco con esa ciudad, que pertenece tan poco a ella que tiene su departamento y su rutina ligada siempre al Barrio Chino. Es un extranjero en su propia ciudad, un Dios que guía a la felicidad pagana a quienes se le acercan, sin nunca alcanzar él mismo su propia felicidad. Todos encuentran su whatever works antes que él, y la única salvación de éste Dios, acaso, es conectarse con alguien que vea tanto como él. Alguien que si no ve la totalidad, ve gran parte de ella. Y en ese sentido, la más apropiada tal vez sea Helena, esa vidente sobre la que Boris cae en su segundo intento de suicidio y resurrección, ese gusano que el Dios aplasta para salvarse a sí mismo. ¿Pudo ella prevenir el futuro, e interceptar la caída de Boris buscando conocerlo de esa forma? ¿O acaso fue Boris quien, en su visión del todo, previó a esa mujer y eligió tirarse al vacío para conocerla? En igualdad de visiones, nunca sabremos la respuesta.

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Published by gisela manusovich - en TRABAJOS DE ALUMNOS
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Comentarios

tere 08/01/2011 17:45


Qué bueno, Victor! Excelente! Me encantó!


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