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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 15:10

 

Tres espacios.

 

Por Lic. Gisela Manusovich

www.elcineenlamirada.com.ar

 

santa2.jpgLa clase de catequesis: miradas encerradas en la bruma de los cantos sacros, murmullos de voces vírgenes, secretos envueltos en pedazos de papel que van de mano en mano, historias horripilantes, preguntas desesperadas que indagan lo inexplicable.

 

El Hotel como una melodía polifónica: la gran cocina en actividad permanente, los pasillos, ambientes, ascensores, habitaciones anónimas que anulan todo rastro de tránsito humano para volverse mudas en la mañana, y el sauna, provocando el contrapunto desde sus aguas silenciosas, vaporosamente sensuales.

 

Entre ambos, la calle céntrica, breve, la que ofrece una pequeña feria que en el abrazo del calor norteño agrupa a los curiosos, a los que están de paso. Donde  el mago del sonido hace surgir la música del aire, de lo aparentemente invisible, una música enigmática que convoca y atrae oídos deseantes.

La calle es el triunfo de lo íntimo en medio del tumulto.

 

Todo el film es este mágico instrumento ejecutado por Lucrecia Martel, por sus manos que se adivinan tibias y mansas, conducentes hacia la hipnosis de la revelación, la misma revelación que en su anterior y primera película: la verdadera sacralidad reside en aquello imperceptiblemente denso y circulante de los vínculos humanos.

 

La niña santa es la tibieza de un susurro en el oído. Es la suavidad de un gesto que despierta dulcemente el cuerpo joven de Amalia.

Amalia transita los tres espacios atenta a la revelación, dispuesta a escuchar el llamado de Dios que, de manera mas cercana a Pasolini que a Bresson, llega desde la liturgia de lo pagano, desde la excitación del miembro del doctor Jano que la roza, que la conmueve, en medio de la calle breve, envuelto en los sonidos del instrumento invisible, rodeado del gentío caluroso.

 

A partir de este momento, Amalia transitará el llamado divino, el saber de lo trascendente, desde la vibración, desde la excitación de la percepción sonora y todos los que la rodean habrán de definirse en relación con lo auditivo.

 

Y es que su madre tiene un pitido en un oído que la perturba  y su tío no puede escuchar a sus hijos en la distancia, y su amiga Jose no quiere que le hable mientras la penetra quien es el único que la escucha, y el doctor Jano, especialista en audiometrías.

 

Desde Amalia percibimos este triádico mundo –la clase de catequesis, el hotel, la calle-, como si su cuerpo fuese una caja de resonancia y las ondas sonoras traspasasen la chatura de la pantalla y nos empapara. 

 

La presencia del agua atraviesa todo el relato: los créditos iniciales del film se presentan con un diseñolns 1 acuoso, las letras como gotas caen desde las palabras sobre un fondo azulino atravesado por aureolas. La 
imagen que clausura es la de las dos amigas, Amalia y Josefina, flotando en el agua del sauna mientras se prometen cuidarse como hermanas. “Me escuchás?” la pregunta de Josefina queda suspendida, densa como el vapor, y ellas siguen flotando como si lo único que les bastara fuese la certeza de estar juntas tras un verano humedecido de santa pasión.

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Published by gisela manusovich - en MIS CRITICAS Y ANALISIS
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