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Detrás del telón

 


Cuando vi Mulholland Drive, de David Lynch por primera vez las sensación que me invadió fue de de caos y confusión. Después de volver a verla, de escuchar las diferentes perspectivas, y de tratar de exprimir mi capacidad de asociación al máximo,  algo pude despejar de este complejo mundo de representaciones metidos minuciosamente en cajas chinas que parecen interminables. Pero parece que debajo de todo caos, prevalece cierto orden…

 

Mi tesis sobre esta película es la siguiente: creo que nos habla de como en el mundo del espectáculo (en este caso representado por Hollywood) se oculta intencionalmente (detrás del telón) una parte oscura del mismo y se muestra solo la parte “luminosa”  para poder manipular a quienes participan activamente en este sistema y también en última instancia, a quienes lo hacen pasivamente, como el espectador.

 

Tomé como punto de partida una secuencia que para mí es muy significativa: “El club del silencio”. Creo que en este parte de la película se nos esta hablando de algo que se repite y que se relaciona con el artificio, la representación y también, con la hipocresía.

Las dos protagonistas, Betty y Rita, entran en este lugar desconocido a mitad de la noche y se ubican en unas butacas, son espectadoras (como nosotros). ¿Pero, espectadoras de qué?

El aspecto de ambas en esta escena es similar porque Rita lleva una peluca rubia que tapa tanto su diferencia con Betty (su pelo morocho), como también su propia singularidad. Rita, vestida de negro, parece ser una sombra, quizás la parte oscura de Betty. Betty, por otra parte, representa lo que se deja (o se debe) ver. Ella esta vestida de rojo, como el telón que vemos en el escenario, porque quizás también ella tenga algo que ocultar, algo que a pesar de todos los intentos por negarlo, no deja de estar ahí.

Ellas parecen siamesas, entrelazadas no se despegan la una de la otra, parecen ser la misma persona y creo que esto representan las dos caras del mismo sistema que las envuelve. Este sistema que tiene un lado visible, “maquillado” (que podría ser representado más adelante por Camilla) y el otro oscuro, a cara lavada y en las sombras (representado luego, por Diane).

En la misma secuencia del “Club del silencio” observamos a un hombre con apariencia de mago o ilusionista, que les (y nos) dice: “No hay banda”, suenan los instrumentos pero él sigue insistiendo (en varios idiomas, que denota cierto rasgo universalidad) que todo es una grabación, mientras como por arte de magia, hace sonar las trompetas para callarlas con un movimiento de mano un segundo después. Este personaje parece hipnotizar con sus ojos, una mirada profunda hace que Betty se sacuda en su asiento sin poder controlarse. Todo es una grabación, pero hay un telón que tapa lo que esta detrás, no vemos el aparato que hace sonar la grabación, solo escuchamos el “como si” de la banda sonando. Y también aparece la niebla, que no nos deja ver (como el telón) y que tiñe nuestros ojos de confusión.

Este sujeto simboliza para mí la manipulación, digita con sus manos las acciones ajenas, como también lo hace el director y los productores a lo largo de la película. Todos estos personajes son los encargados de hacer y deshacer, y si hablamos de ellos como personajes simbólicos, hacen y deshacen tanto el “espectáculo”, como la vida de quienes están por dentro de éste, estos personajes representan, en este caso, a Hollywood. Y Hollywood es “magia”, pero la magia, es en su esencia misma, un engaño.

Luego vemos en el escenario a un personaje llamado Rebeca del Río, con su canción a capela y en castellano, que hace llorar a Rita y a Betty (y casi me hace llorar a mí). Esta mujer tiene una lágrima dibujada en su cara, su maquillaje excesivo denota falsedad, que después vamos a terminar de descubrir cuando ella cae desmayada al suelo y la música sigue sonando. Ahí todo se desmorona, metafórica y literalmente. No era su vos, no era su dolor, era solo una grabación (y eso que nos avisaron tantas veces de esto, pero igual nosotros también “caímos”…).

Por último, en esta secuencia aparece un personaje misterioso (con peluca azul) que observa toda la situación desde un palco ubicado arriba, al costado del escenario. La película termina con este personaje diciendo la palabra “silencio”, palabra que hizo despertar de sus sueños a Rita, aparentemente sin entender que sucedía, pero recordando algo que la llevaría a este lugar extraño. Este personaje daría la impresión de ser una especie de “juez”, o de “dios”, que parece tener la última palabra. Es alguien que parece estar “por encima” de la situación (se evidencia esto por la ubicación de la cámara) y que ve todo desde otra perspectiva. Quizás la palabra “silencio” en este contexto, tenga que ver con algo que se relaciona con lo “puro”, con la ausencia de “ruidos” (ruidos como símbolos del artificio). No hay banda, no hay música, no hay grabación, no hay nada… solo el silencio. Y si tenemos en cuenta como terminó Diane, podemos también preguntarnos si esta última palabra “silencio” no tendrá que ver con la muerte…

En un nivel más explícito, toda la película esta atravesada por personajes que de alguna manera están relacionados con la creación de una realidad ficticia, vemos entonces: actrices frustradas (Diane), actrices exitosas (Camila), directores, productores, escenografías, cámaras, pelucas, escenarios, etc.

Además se evidencia en la película los diferentes niveles de poder: como el director tiene poder sobre las actrices, como los productores (un tanto mafiosos en este caso) lo tienen sobre el director, como las empresas (quizás representada por el personaje del “enano”) están detrás de los que producen, y así la cadena de poder se va ejerciendo sobre el más débil, o sobre el más vulnerable. Pareciera que toda la vida de Diane depende de estas decisiones ajenas, de la aprobación o desaprobación de quienes son dueños de los dedos que marcan el éxito, o el fracaso.

Más allá de como se quiera plantear la película (las posibilidades de la historia pueden ser varias) creo que todas hablan de este mundo de fantasía que se nos muestra, muchas veces sobrestimado, para no evidenciar entonces lo que hay detrás: un mundo de manipulación absoluta que no deja de hipnotizarnos, y que a pesar de que nos dice que “no hay banda”… nosotros la seguimos escuchando como si fuera real.

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